El cuerpo humano es sabio, y cuando se encuentra en una situación de sobrecarga te va alertando del peligro del sobreesfuerzo. Pero la vorágine del día a día todo lo deglute, y vas aguantando por la misma inercia que te empuja hacia delante haciendo caso omiso de los avisos que se van produciendo. Entonces, cuando paras, cuando ya no puedes más, es cuando maldices no haber hecho caso antes a las señales enviadas. Y por narices no te queda más remedio que hacer una parada obligatoria. Tienes que bajarte del tren, dejarte cuidar, meditar y analizar dónde has fallado para llegar a esta situación.

Ahora toca descubrir como hay que ir encajando el puzzle diario, donde las piezas trabajo, familia, amigos, salud, momentos personales, … todas ellas tienen una importancia global necesaria. Las unas sin las otras no tienen sentido y es necesario cuidarlas a todas. Y cuidar a la máquina, que ya empieza a solicitar algún que otro arreglo, una puesta a punto teniendo en cuenta que ya hace unos cuantos años que funciona.

¡En eso estamos!